Arriesgando entre llamas
Voluntariado
Son profesionales de la emergencia, que a pesar de no recibir un sueldo por la abnegada labor que desempeñan, entregan día a día lo mejor de sus capacidades para salvar vidas.
Para los 35 mil voluntarios de Bomberos de Chile no hay pagos, sólo la satisfacción de haber cumplido.
Los últimos incendios que han consumido miles de hectáreas en el sur de nuestro país, no dieron tregua a los cientos de voluntarios, de los distintos cuerpos de bomberos que se desplazaron hasta Torres del Paine, Bío Bío y la Araucanía, para extinguir las voraces llamas.
Muchos nos hemos preguntado, más de alguna vez, por qué en Chile ser bombero no es una actividad remunerada, como sí ocurre en otros países. La explicación, puede resultar poco comprensible para la mayoría, pero lo cierto es que bomberos reúne entre sus filas a gente que actúa en base a la iniciativa propia, que vibra con servir a la comunidad y que no busca en esta actividad una forma de ganarse la vida.
Si escarbamos en el origen de esta organización, tenemos que remontarnos a un 15 de diciembre de 1850, en una cigarrería de la calle Cruz de Reyes, en Valparaíso, donde estalló un incendio que se propagó rápidamente a las casas colindantes. Los vecinos trataron de contener el fuego que arrasaba bodegas, casas y rancheríos, pero sus esfuerzos no eran suficientes y fue necesario pedir ayuda a la tripulación de barcos de guerra extranjeros.
Este hecho, motiva a la comunidad a organizar el trabajo de combate de los incendios, publicándose en el diario El Mercurio de Valparaíso, una convocatoria para la formación del que sería el Primer Cuerpo de Bomberos de Chile, que comenzó a operar oficialmente el 30 de junio de 1851.
De esos hechos ha pasado ya bastante tiempo, pero la convicción sigue intacta y hoy son 1.100 las compañías que trabajan para entregar ayuda sin recibir nada a cambio.
Miguel Reyes, Presidente del Directorio Nacional de Bomberos de Chile, explica que “se debe tener disposición al sacrificio. Debe tener el corazón bien puesto y el deseo de estar en condiciones de ayudar las 24 horas del día y los 365 días del año”.
Y es así como lo dejó escrito el poeta nicaragüense, Rubén Darío, “Suena alarma, valiente bombero, va la bomba una hoguera a vencer. Ponte el casco y camina ligero, donde vibra el clarín del deber”.





